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Los “cementerios de autos” nunca dejan de existir




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Autos apilados. Unos sobre otros, se cuentan por decenas, por centenares, por miles tal vez. El espectáculo puede resultar tan dantesco como nocivo. Años de acumulación de toneladas de chatarras retorcidas y oxidadas que sirven de hogar improvisado para ratas y tal vez también sirvan de aguantadero conocido e ignorado. Los “cementerios de autos” siguen allí… impávidos, “intactos” por las autoridades que siguen mirando hacia otro lado como ignorando algo que es imposible de ocultar. Algunos los llaman (de una manera políticamente correcta) desarmaderos, los mismos que se pueden encontrar de a montones en Internet, expuestos a la vista de todos.
Los “botines” que muchas veces de ellos se obtienen (hablamos de los desarmaderos o cementerios de coches) tal vez (no siempre hay pruebas para demostrarlo, pero se sabe…) terminen en lugares que solemos recorrer a diario en busca de piezas, elementos o repuestos para nuestros autos. A plena luz del día, en medio de la ciudad, podemos toparnos con objetos que casi con seguridad provienen de allí. Pero nada… todo sigue como si nada pasara o como si todo fuera normal…
¿Normal dijimos? Sí, normal es que pasemos por las cercanías de la Villa 20 a espaldas de Villa Lugano y lo veamos (primera foto de la nota): ese eterno cementerio de autos de la Policía Federal Argentina que está allí desde hace unos… 20, 30 años o más tal vez…
Da pena. Abandono. Suciedad. Peligro para los que viven cerca, eternos reclamos de urbanización y limpieza por parte de quienes sufren esa masa sin forma de hierros, vidrios y neumáticos pinchados que alguna vez supieron rodar por las calles y hacer nuestras delicias siendo lo que eran y ya no son.
No hablamos sólo de los peligros que encierra un lugar así. No hablamos únicamente de la complicidad de autoridades que no hacen nada para que estos lugares desaparezcan del mapa.




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Hablamos también de los autos, esos aparatos que tanto nos gustan a todos nosotros y que duermen el sueño eterno condenados al olvido más miserable.
Hablamos de pena… y eso dan, pena. Allí puede haber de todo, autos que son de lo más común y entremezclados con ellos también puede haber joyitas difíciles de encontrar. Sea por lo que fuera, deberían rescatarlos y sacarlos de ahí… Para hacer en definitiva un lugar que sea mejor para todos.
Pero…¿dónde está entonces el negocio de los cementerios de autos? ¿quién saca provecho? ¿Por qué no se terminan de “reducir” los autos que allí terminan? Hasta ahora nadie, nunca, ha respondido estas preguntas y tal nunca nadie lo haga y entonces seguiremos sumidos en la más pasmosa normalidad.
Mientras tanto, podemos bordear ciertas zonas de Villa Lugano, pasar con nuestros autos y pegarle una mirada a ese dantesco espectáculo con centenares de autos abandonados en plena ciudad, huérfanos a la fuerza, muchos de ellos secuestrados con toda justicia y muchos otros llevados allí vaya uno a saber con qué oscuras intenciones.
Desarmaderos. Cementerios. Lo llamemos como lo llamemos… no nos remiten a nada bueno y… siguen estando allí. Y lo seguirán haciendo ¿hasta cuándo?

Autor: Marcelo García - 17 Febrero 2009 - En Opinión

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