
El pasado 28 de Octubre nos despertamos recibiendo la triste noticia del fallecimiento en un accidente automovilístico de tres jóvenes en plena ciudad de Buenos Aires.
Las imágenes de la desgracia, si bien ya repetidas hasta el hartazgo, no dejaron de sorprendernos y dejarnos sumidos en la más profunda consternación.
Los ingredientes letales de este hecho fueron casi los mismos de siempre: madrugada, cansancio, alcohol, velocidad, sentirse confiados, algo de imprudencia, otro poco de fatalidad (muy poca) y un elemento extra agregado a la tremenda escena que mueve a la reflexión: un container (o volquete) ubicado en plena Avenida Santa Fe justo sobre la mano rápida.
El resultado, como dijimos, fue de tres jóvenes catequistas muertos y otros dos heridos de gravedad. La velocidad del Renault Megane azul oscuro (propiedad de un Monseñor) acusaba en su velocímetro inerte unos irresponsables 120 Km/h. (en avenidas sólo se permite circular a 60 Km/h.)…que se clavaron definitivamente en el reloj cuando con una violencia inusitada el auto golpeó directamente contra el container (también irresponsablemente) colocado sobre la avenida en su intersección con la calle Laprida.
El momento inicial fue de drama, dolor, apuro por salvar vidas, etc. etc., pero una vez pasadas las horas la sociedad toda comenzó a intentar sacar algo en claro de todo lo (lamentablemente) sucedido.
Y así comenzaron a surgir preguntas, preguntas y más preguntas, muchas de ellas de fácil respuesta y otras que todavía flotan en el aire.
El cóctel explosivo de esa tremenda velada (que sirve como claro ejemplo pero que no es el único caso) dice que en el interior del auto en el que viajaban los jóvenes veinteañeros (venían de una fiesta de egresados de unos amigos a la madrugada) había gran cantidad de botellas de bebidas alcohólicas (habían bebido bastante) y eso sumado al cansancio, algo de impericia, una velocidad inaceptable y la presencia inoportuna del container en la calle, hiciera que todo terminara en tragedia.

Pero como siempre sucede en estos casos habrá que sacar rápidas y concretas conclusiones.
No se qué pensarán ustedes al respecto (opinen) pero a riesgo de quedar como un insensible trataré de explicar que la responsabilidad es primero de quien maneja. Si esos jóvenes hubieran circulado a la velocidad permitida, la muerte no hubiese llegado, seguro. Si al subirse al auto hubieran pensado en el alcohol que tenían en sus venas deberían haberse ido en taxi. Si quienes no manejaban le hubieses advertido al conductor sobre su excesiva velocidad tampoco hubiésemos llorado muertos. De manera que de todas las preguntas que nos hicimos, la primera conclusión es que las causas de las muertes derivan directamente de la imprudencia. Punto uno.
Punto dos.
La ciudad y sus calles ¿qué nos ofrecen las autoridades? Parece que poco y nada en materia de seguridad. Ni siquiera salidas creativas o algo como para probar.
Aquí como siempre pagamos religiosamente los impuestos, hacemos todos los deberes, que esto y que lo otro…
Las autoridades (muy marketineras por cierto) hablan y hablan hasta por los codos sobre las virtudes de una ciudad moderna que todavía estamos esperando, mientras que la realidad dice que cosas como ésta, un container, volquete o como quieran llamarlo, permanece mudo, estático, frío en medio de la calle esperando regalarle la muerte a conductores que ayudando con su irresponsabilidad, terminan con sus vidas de manera lamentable.

¿Qué nos queda de todo esto? Dos cosas: irresponsabilidad y desprotección.
Irresponsabilidad de esa que vemos a diario al lado nuestro y que algunas veces termina como terminó.
Desprotección por parte de quienes deberían cuidarnos y ordenar la ciudad y, evidentemente, no lo hacen.
A pesar de tener en claro todo eso, se siguen escuchando voces que dicen que “las muertes fueron provocadas por el volquete en medio de la calle”. No, por favor, abramos los ojos de una vez. Ni los volquetes en medio de la calle , ni la lluvia, ni la niebla, provoca muertes. La provoca la irresponsabilidad.
Eso sí, a ustedes autoridades de la ciudad y aquellos que deben controlar este tipo de cosas, cumplan de una vez con sus funciones como se debe para que dada la imprudencia por lo menos haya una segunda oportunidad.

06/11/2008
la verdad que el punto prioritario es justamente nosotros, manejamos mal y lo peor de todos es q algunos se creen hamilton en F1 … y la policia… realmente es una verguenza… se dejan seducir x $10 y asi como vas a tomar a la gente en serio si se venden x monedas .. saludos ….
06/11/2008
Yo considero que en esta caso todos somos culpables, tanto los que manejamos, los policías de transito, los municipales, y en este caso el encargado del contenedor, como es posible que un día a las 5 de la mañana este un contenedor sin ningún tipo de indicador puesto en el medio de la calle, yo principalmente le pondría toda la responsabilidad al dueño del contenedor y creo que también hay una gran imprudencia en darle un auto a chicos a la salida de una fiesta.