
Las cosas no se dan por casualidad. Por lo general todo funciona armónicamente, en equilibrio, adecuadamente y, entonces, mágicamente surgen explicaciones para ciertos temas que permanecen en la nebulosa.
¿A qué nos referimos? Se preguntarán… Fieles a una costumbre (y con más de un motivo de nuestro lado) solemos quejarnos (en este espacio también) sobre la pobreza más extrema en lo que hace a novedades automotrices, a insertarse definitivamente en el mundo moderno de los autos y algunas otras cuantas cosas más.
Nuestras quejas se escuchan a viva voz para quien quiera escucharlas: que los autos son antiguos, que son de otra generación, que no están a la par que los que se venden en otras partes del mundo, etc., etc., etc.
Y buena parte de razón tenemos para no estar conformes… el tema es que como ya dijimos, eso es parte de un “todo” que también incluye a los lugares por los que deben circular esos mismos autos de los que solemos quejarnos: las calles.
Cualquiera que tenga por lo menos dos dedos de frente convendrá en que las calles de nuestro país son un verdadero desastre. Si las arterias de la Ciudad de Buenos Aires (siendo el ombligo forzado del país) están como están (ver las fotos de la nota) no podemos ni imaginar lo que deben ser las de ciudades pequeñas, no tan notorias y perdidas en algún confín de nuestro territorio nacional.

A diario lidiamos con el estado más que lamentable de las calles de la ciudad en donde ya podemos encontrarnos de todo. Allí podemos ser víctimas inocentes e involuntarias de groseros baches, rajaduras en el asfalto (donde lo hay, ya que increíblemente todavía hay calles adoquinadas) y hasta precarias y peligrosísimas señalizaciones que más que salvarnos la vida pueden hacérnosla perder.
Protección cero. Advertencias adecuadas que brillan por su ausencia (no es muy difícil llegar a una esquina y sin advertencia previa darnos cuenta que la calle está cerrada o algo por estilo…). Deplorables re-asfaltados que son auténticas elevaciones montañosas en medio de una calle dignos de una pista de rally. Y la lista podría seguir y seguir eternamente…
Decimos entonces que el escenario acompaña adecuadamente a los actores que por el mismo circulan (autos vetustos en muchas oportunidades y conductores irresponsables en otras…) y ahí vemos tristemente que estamos sumidos en el atraso: así como todavía hay autos que nos venden que no cuentan con (por nombrar algo sencillo) airbag, también están las calles en el estado en el que se encuentran. Y así las cosas, seguimos agachando la cabeza y compramos lo que en realidad nos quieren vender.
Y ojo, porque no estamos diciendo que la cosa es fácil. No es sencillo elevar una queja, atreverse a protestar justamente en un país que tradicionalmente no respeta a nadie y que hace todo lo posible para que se note. Y se nota de verdad…

No es tarea simple lograr (por lo menos en los lugares que solemos frecuentar) una respuesta por parte de las autoridades que tienen a su cargo (por ejemplo) el gobierno de la ciudad.
Si se hacen arreglos, se hacen cerca de las épocas electorales o se hacen mal (como algunos pozos tapados con kilos y kilos de alquitrán…) y las consecuencias siempre las sufrimos los mismos: nosotros, los pobres mortales que pagan sus impuestos religiosamente y que juntan dinero durante media vida para poder comprarse un auto y otra media vida para pagar el arreglo de los daños producidos por el mal estado de las calles de la ciudad.
Es cierto que no tenemos los autos más modernos del planeta. Pero también es cierto que con calles como las que tenemos es imposible manejar y… sobrevivir a la experiencia.
