
Hola amigos de Motor Show, en esta oportunidad quiero ocuparme de un fenómeno que según creo (aunque no tengo pruebas de esto…) es bien argentino.
Es sabido que Argentina no es Europa. Tampoco es Estados Unidos. Allí, según me han contado amigos y conocidos que han viajado un poco más, no es tan común que las personas mantengan el mismo auto por muchos años. Se dice que en esos lugares los autos se pueden cambiar cada año o cada dos a lo sumo, por lo que la unión, el matrimonio entre propietario y coche no llega a durar tanto como por ejemplo sucede en nuestro país.
Es cierto también que hoy en día en Argentina gracias a planes y facilidades la cosa va cambiando de a poco, pero en general se da ese fenómeno de una relación bastante longeva entre auto y dueño.
Eso ha dado nacimiento a una “raza especial” de usurarios de autos: los cuidadosos empedernidos y compulsivos.
No se si ustedes saben de algún caso como estos, pero yo he tenido y tengo contacto con gente que vive este tipo de relación con su auto, vale decir que cuidan de su auto como de sí mismos (y más también…)

Y no exagero para nada. Tengo casos cercanos, varios por ahí, pero el más concreto y contundente fue el caso de un vecino del barrio de mi niñez. Han pasado tantos años y todavía no puedo sacármelo de la cabeza. Para comenzar vamos a llamar a ese personaje (que no era de ficción…) como el señor Abud (el nombre me lo reservo).
Era el padre de uno de mis mejores amigos de la infancia, hablo de finales de los años ’70.
Su pasión eran los autos Peugeot, fundamentalmente del modelo 504. El primero que tuvo fue uno de color rojo, impecable, muy bien presentado y muy bonito por donde se lo mire.
El señor Abud, según creo yo, dormía por las noches con un ojo cerrado y el otro abierto. Es más creo que la mitad de su cuerpo dormía y la otra mitad estaba de guardia. No había ruido que se perdiera y entonces saltaba de la cama o donde fuera que estuviese como si tuviera un resorte para correr las cortinas de su casa y observar si algo le había sucedido a su amado 504.
Él era sin lugar a dudas un auténtico exponente de “cuidadoso empedernido y compulsivo”. Si señor…
Si era necesario salía a la calle para defender a su auto ante lo que fuera. Podía ser que alguien lo empujara un poquito para estacionar. Podía tratarse de una persona que mientras esperaba por otra se apoyaba suavemente sobre el baúl. O bien podía ser que algún niño golpeara involuntariamente al auto con su pelota. Ante cualquiera de esas circunstancias
y algunas otras más el señor Abud reaccionaba como si se tratase del mismísimo Doctor David Banner, aquel que se transformaba en el increíble Hulk.
Si tenía que discutir, discutía. Si tenía que pelear y llegar hasta las manos, también lo hacía. Y entonces ya no importaban la vergüenza de la familia ante semejantes papelones y tampoco había lugar para preocuparse por el ridículo. Él era felíz así, cuidando de su auto como si se tratara de él mismo. Yo creo que hasta había inventado un idioma que sólo él y su auto dominaban. Eso sí, también había momentos de los otros, de esos en los que se pasaba horas enteras (muchas veces toda la tarde) lavando, lustrando y perfumando a su inseparable Peugeot 504. Una impresionante batería de líquidos limpiadores, trapos, cepillos y hasta lustramuebles para darle brillo al tablero y las partes de cuero. Algo impresionante en el cabal sentido de la palabra.
Nunca lo entendí del todo y eso que amo los autos. Pero esta “raza” es algo especial. Se trata de esos que hasta matarían al que se animara a dañar su auto. Y me imagino que ustedes también habrán sabido de casos similares y sería fantástico que podamos conocerlos para poder indagar mucho más profundo aún sobre la mente de estos locos por los autos… pero locos de verdad.
Pero el señor Abud no era el único y hay por allí miles de otros más, de esos que lavan el auto durante horas todos los día y lo cuidan y lo miman al igual que a un bebé.
Dénme ustedes a conocer su opinión al respecto y aporten datos para seguir engrosando las filas de gente que ama, vive, respira y siente por su auto, al que no considera una máquina útil, sino que lo ve como a una extensión de su propio ser.

09/05/2008
Es una paradoja,porque somos cuidadosos cun nustros autos ,pero manejamos muy mal, tanto que nuestro pais es uno de los primeron con el mayor numero de accidentes de transito
09/05/2008
Es cierto, tenés toda la razón es una extraña paradoja muy propia de esta sociedad argentina que siempre cree hacer todo bien.
09/05/2008
lo mas interesante de la nota es la chica que esta limpiando el corsa
09/05/2008
Interesante posteo, bien yo tengo, tuve familiares asi, unos excesivos del auto, siempre limpio, el tanque siempre lleno, etc. Ojo no solo con el auto con otros bienes materiales tambien pasaba, el cuidado excesivo.
Si bien ami me agradan mucho los autos, si tuviese plata me daria gustitos… no seria un maniatico, todos podemos tener mala suerte por asi decirlo y tanto cuidado por una maquina es una enfermedad. Concuerdo que uno para comprarse un auto tiene que hacer mucho esfuerzo pero eso no quita que el auto deje de ser un elemento de uso que facilita la vida, no un hijo o miembro de la familia.
Saludos
09/05/2008
La chica del corsa se ve bien
09/05/2008
como bien dice en el principio de la nota. “no es tan común que las personas mantengan el mismo auto por muchos años.” en europa o eeuu.
he vivido en italia 2 años y les puedo decir que los tanos tienen pasion por los autos. Pero no por Un auto…
Adhiero a todo lo que se dijo de la chica que lava el corsa…
18/05/2008
odio a los maniaticos enfermos de la chapa con pintura
06/01/2009
mira donde te encuentro ajajajja soy gonzalo hicimos el curso de inyeccion juntos